Reconfigurar el Open Space: nuevos layouts para la vuelta a la oficina
El Open Space sigue siendo una de las tipologías más extendidas en el diseño de espacios de trabajo corporativos pero su planteamiento convencional no responde con eficacia a las necesidades de muchos equipos actuales. La cuestión relevante ya no es si una oficina debe ser abierta o compartimentada, sino cómo puede organizarse una planta diáfana para integrar concentración, colaboración y movilidad sin comprometer la eficiencia del conjunto.
Cuando la planta abierta se resuelve como una sucesión homogénea de puestos sin propósito funcional, aparecen problemas que afectan directamente al rendimiento del espacio: contaminación acústica, interrupciones constantes, ausencia de privacidad y un entorno que no responde a la diversidad de actividades que conviven en la oficina a lo largo de la jornada.
La consolidación del trabajo híbrido ha hecho más evidente esta limitación. De hecho, la oficina ya no compite con el entorno doméstico únicamente como lugar donde realizar tareas. Su valor radica, pues, en ofrecer condiciones que el trabajo en remoto no puede proporcionar. Esta visión conecta con las investigaciones recientes sobre diseño de espacios de trabajo de alto rendimiento, que sitúan a las personas, sus modos de trabajo y la interacción presencial en el centro del proyecto.
El reto para cualquier proyecto de diseño de oficinas, especialmente en entornos corporativos donde la presencialidad convive con modelos de trabajo flexible, consiste en pasar de una planta abierta indiferenciada a un sistema de espacios con distintos grados de apertura, protección acústica, intensidad de uso y condiciones ambientales en el que se generen flujos de trabajo transversales y que faciliten la comunicación.
¿Por qué el Open Space tradicional presenta limitaciones funcionales estructurales?
El problema principal del Open Space convencional no está en su carácter abierto, sino en la ausencia de jerarquía funcional orientada a facilitar dinámicas de trabajo. Muchas oficinas abiertas fueron proyectadas desde unos criterios de densidad y repetición, con puestos similares, circulaciones mínimas y salas de reunión como únicos espacios diferenciados. Este enfoque puede ser eficiente en términos de coste o superficie, pero no en cómo se utiliza realmente el espacio ni en cómo responde a las necesidades del día a día.
Una oficina actual debe dar respuesta a actividades muy distintas en el transcurso de una misma jornada: concentración individual, reuniones breves, videollamadas, trabajo colaborativo y pausas que no invadan las zonas productivas. Cuando todas esas actividades se desarrollan en un mismo entorno sin gradientes acústicos ni espaciales, la distribución interfiere en el trabajo en lugar de facilitarlo.
Por ello, la reconfiguración del Open Space debe abordarse desde un análisis funcional del espacio, estudiando patrones de ocupación, tipos de tarea, niveles de interacción, flujos internos y necesidades de privacidad. Solo a partir de ese diagnóstico la planta abierta puede reorganizarse para mejorar la productividad y la calidad del espacio de forma sostenida.
Microzonificación como criterio de organización de la planta abierta
La microzonificación es una de las estrategias más eficaces para reconfigurar el Open Space sin volver a un modelo compartimentado. Consiste en organizar la planta en unidades funcionales identificables, con usos específicos y condiciones ambientales diferenciadas, sin necesidad de recurrir sistemáticamente a cerramientos opacos o divisiones rígidas.
Esta estrategia permite ordenar la oficina mediante recursos arquitectónicos de menor impacto constructivo: variaciones de mobiliario, cambios de iluminación, acabados textiles con propiedades absorbentes, paneles acústicos, elementos vegetales, revestimientos fonoabsorbentes o ajustes en la orientación de los puestos. El objetivo no es fragmentar la planta, sino dotarla de flexibilidad.
Un espacio microzonificado permite que el usuario identifique con claridad qué zonas están proyectadas para la concentración, cuáles para la conversación y cuáles para una reunión informal. Esa claridad espacial reduce los conflictos de uso y mejora la autonomía de los equipos en la gestión de su propio entorno de trabajo.
Desde el punto de vista del diseño, la microzonificación también permite controlar la transición entre áreas con demandas opuestas. Una zona colaborativa no debería situarse directamente adyacente a un área de concentración sin ningún filtro intermedio. Entre ambas conviene introducir zonas de amortiguación, como zonas de paso más amplias o elementos acústicos, que ayuden a suavizar el cambio entre distintos niveles de actividad y ruido.
Cómo aplicar la microzonificación en un proyecto de reconfiguración
La microzonificación debe partir de un análisis previo de un trabajo de organización. Es necesario identificar qué actividades tienen mayor peso en la operativa diaria, qué equipos requieren proximidad funcional, qué tareas exigen privacidad y qué zonas del espacio actual están infrautilizadas o generan conflictos.
A partir de ese diagnóstico, el proyecto establece una gradación de usos. En las zonas más expuestas o centrales funcionan mejor los espacios colaborativos y los puestos de uso temporal. En las zonas más resguardadas, lejos del paso continuo de personas y con mejor control acústico, es donde tiene sentido ubicar los puestos de trabajo que requieren concentración, así como salas de silencio o cabinas individuales. La iluminación y los materiales pueden reforzar esta diferencia sin necesidad de cerrar el espacio con barreras físicas.
La microzonificación funciona mejor cuando va acompañada de normas claras de uso del espacio: cómo se reservan las salas, cuándo utilizar las zonas silenciosas, cómo se ocupan los puestos compartidos o dónde realizar llamadas y reuniones informales.
Tipologías de layout para la reconfiguración del Open Space
Una vez establecida la microzonificación como criterio base, el proyecto debe definir el layout más adaptado al modelo de trabajo. No existe una solución universal, cada organización requiere una combinación específica de apertura, flexibilidad y referencia espacial para los equipos.
1. Layout por barrios de equipo
El layout por barrios organiza el espacio en áreas vinculadas a equipos o unidades funcionales. Cada barrio integra puestos de trabajo, mesas de apoyo, pequeñas salas y espacios colaborativos asociados. Es una solución adecuada para organizaciones con equipos estables y dinámicas frecuentes de coordinación. Para que el modelo funcione con eficacia, cada barrio debe incorporar distintos modos de trabajo; si se limita a agrupar mesas por departamento, el resultado será una versión ordenada del Open Space convencional.
2. Layout basado en actividades
El layout basado en actividades organiza la oficina según el tipo de tareas que se realizan. En lugar de tener un puesto fijo, cada persona elige el espacio que mejor se adapta a lo que necesita en cada momento: desde zonas de trabajo individual y áreas de concentración, hasta salas de proyecto, cabinas para videollamadas o mesas colaborativas. Este modelo funciona especialmente bien en oficinas donde la presencia es variable. Sin embargo, requiere una buena definición de los espacios: si no están claramente diferenciados en uso y condiciones (como el ruido o la privacidad), puede generar sensación de desorden o falta de referencias. Por eso, la microzonificación no es opcional, sino clave para que el sistema funcione.
3. Layout con núcleo colaborativo y perímetro de concentración
Esta tipología organiza la planta con un núcleo central de colaboración y un perímetro destinado a tareas de mayor concentración. El centro integra reuniones informales, mesas de proyecto y puntos de encuentro, mientras que las zonas perimetrales se reservan para trabajo individual o tareas que requieren condiciones acústicas más controladas. Su eficacia depende de la correcta resolución de las transiciones entre el núcleo activo y las zonas de concentración.
4. Layout modular y reconfigurable
El layout modular se apoya en elementos móviles y mobiliario adaptable para permitir cambios de configuración con relativa facilidad. Es adecuado para organizaciones con equipos cambiantes o necesidades variables de ocupación. Su capacidad de adaptación debe estar planificada desde el proyecto técnico, con instalaciones correctamente previstas, conectividad distribuida e iluminación adaptable. Sin esta base infraestructural, la flexibilidad puede derivar en una incomodidad operativa cotidiana.
5. Layout mixto para organizaciones con alta diversidad funcional
En muchos proyectos, la solución más eficaz combina varias tipologías. Una organización puede requerir barrios de equipo para departamentos concretos, áreas basadas en actividades para perfiles con alta movilidad y un núcleo colaborativo para reuniones internas. El layout mixto permite construir una oficina adaptada a organizaciones complejas, pero exige una jerarquía espacial clara para evitar que la acumulación de usos genere pérdida de legibilidad.
Espacios de concentración e integración en la planta
Los espacios de concentración deben formar parte del programa principal de la oficina, no situarse como piezas residuales donde sobra superficie. En perfiles técnicos, financieros, jurídicos o estratégicos, el trabajo de foco exige condiciones ambientales que la planta abierta estándar no proporciona sin una intervención de diseño deliberada.
Entre los espacios de concentración podemos destacar que las cabinas acústicas son adecuadas para llamadas y videoconferencias breves, mientras que las salas de silencio permiten sesiones de concentración prolongada. En este aspecto, los sectores de baja estimulación, con menor densidad y materiales absorbentes, contribuyen a reducir las interrupciones. Una oficina puede mantener su carácter abierto y ofrecer al mismo tiempo sectores de concentración bien integrados, siempre que estén dimensionados correctamente y ubicados en relación con los flujos de uso reales.
Circulaciones, flexibilidad operativa y gestión del espacio
Las zonas de paso en una oficina no son espacios “que sobran” entre mesas y salas. En una oficina correctamente proyectada, los recorridos organizan los flujos de movimiento y contribuyen a separar usos. Un recorrido puede integrar puntos de espera, zonas de conversación breve o pequeños ámbitos de encuentro informal, absorbiendo las interacciones espontáneas que de otro modo se producirían en las zonas de trabajo.
La flexibilidad operativa requiere una infraestructura coherente: conectividad disponible en todos los puntos de trabajo, sistemas de reserva para salas y puestos compartidos, soluciones de almacenamiento que compensen la ausencia del puesto fijo y mobiliario dimensionado para el uso intensivo. Sin esta base, la flexibilidad prevista en planta puede derivar en fricciones operativas cotidianas.
La integración de sensores de ocupación y plataformas de análisis permite identificar qué zonas se utilizan con mayor frecuencia, qué salas están sobredimensionadas y qué espacios no responden a las necesidades reales del equipo. Esta información resulta determinante para ajustar la distribución a lo largo del ciclo de vida del espacio, pero no sustituye al diseño ni resuelve los problemas derivados de una zonificación incorrecta.
Materialidad, acústica y condiciones ambientales
La calidad del espacio de trabajo está profundamente condicionada por los materiales utilizados, el comportamiento acústico, la iluminación y la ventilación. La acústica es uno de los aspectos más críticos en la planta abierta y en los espacios de trabajo en general. La transmisión de sonido o ruido no se controla exclusivamente con cabinas o cerramientos: intervienen también los techos fonoabsorbentes, los pavimentos textiles, los paneles acústicos y la propia distribución de las fuentes de ruido en el plano.
La iluminación debe responder a la diversidad de usos. Las zonas operativas requieren niveles adecuados para el trabajo prolongado frente a pantalla. Las áreas informales admiten condiciones más cálidas. Los espacios de reunión necesitan un equilibrio entre confort visual y funcionalidad técnica, especialmente cuando integran sistemas de videoconferencia.
En oficinas donde la presencialidad debe aportar un valor diferencial respecto al trabajo en remoto, las condiciones ambientales y de bienestar forman parte de la eficiencia del espacio, no de su acabado.
Criterios para proyectar oficinas abiertas con mayor rigor funcional
El Open Space no ha perdido vigencia como tipología, pero requiere una reformulación de sus criterios de diseño. Su evolución no pasa por recuperar modelos de oficina cerrada ni por mantener plantas abiertas sin diferenciación funcional, sino por desarrollar entornos capaces de integrar colaboración, concentración, privacidad y movilidad de forma coordinada.
En Antana Spaces abordamos la reconfiguración del Open Space desde el análisis del uso real de cada organización. Cada proyecto debe traducir la manera de trabajar de un equipo en una solución espacial coherente, eficiente y con capacidad de adaptación a medida que evolucionan las necesidades del negocio. Proyectar una oficina abierta no consiste en distribuir puestos en una planta, sino en definir un sistema de espacios que mejore la experiencia de las personas y aporte valor al rendimiento del espacio a largo plazo.
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