Dos oficinas de cine

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Desde la legendaria “El apartamento” (1960) hasta “La Red Social” (2010) revisamos la reforma revolucionaria en el diseño de la oficina.

Todas las personas tienen la disposición de trabajar creativamente. Lo que sucede es que la mayoría jamás lo nota.

Truman Capote (1924-1964) Autor de A sangre fría

Nos conmueve la triste y gris vida de C.C. Budd ( el grandioso Jack Lemmon) matoneado por sus jefes e iguales para usar en sus aventuras adúlteras su apartamento, y es su vida laboral, mecánica y repetitiva, y su escenario monótono y sin color, lo que nos impresiona más, porque aplasta a los trabajadores.

La oficina Taylorista y la coreografía que realizan día tras día los personajes nos sugiere una colmena carente de humanidad dedicada a la producción de números mientras destruye el talento, la iniciativa y hasta la dignidad de los empleados que, quizá, inspirados por este entorno, se desfogan mediante conductas superficiales, egoístas y machistas durante los tiempos de ocio.

Únicamente al entrar y al salir atravesando el enorme y magnífico lobby para subir o bajar en los estupendos ascensores pilotados por las ascensoristas, podemos comprobar como una gran arquitectura e ingeniería pueden iluminar, en varios sentidos, las liturgias diarias de los extras. (Recordamos el brillante encargo que realizó Antana, al reformar el hall del edificio Beatriz (el favorito en Madrid de Sáenz de Oiza) La oficina es un actor más en la tristísima y divertidísima, a la vez, comedia de Billy Wilder que caricaturiza al extremo la bajísima interacción entre los empleados base que se hacinan en equipamientos penosos con los directivos que se concentran en despachos en las plantas superiores.

Cincuenta años después otra oficina, esta vez, del tipo informal hace un papelito en otra gran película La Red Social, pero su diseño utiliza recursos opuestos para atraer e inspirar el talento creativo de los trabajadores de Facebook.

El trabajo en red y la red social han reformado por completo el diseño de las oficinas ya que cualquier empresa tiene que producir contenidos, digamos, de satisfacción con los que alimentar su imagen y la relación con sus clientes. Todas las corporaciones están obligadas a que sus sedes comuniquen datos y conocimiento con dinamismo, máxima interacción, talento, creatividad, satisfacción y el diseño de los espacios de trabajo juega un papel clave.

En la película de la que hablamos, la sede de Facebook es un espacio libre con puestos circulares diseñados con un equipamiento colorido y actual, con empleados y directivos que charlan de pie, y pasean de manera relajada, como activando, mediante el movimiento, sus mentes creativas. Eso no impide que Mark Zuckerberg (interpretado por Jesse Eisenberg) y sus secuaces tiendan una trampa indecente al otro socio fundador, Eduardo Saverin (Andrew Garfield) y que durante la escena protagonicen una discusión violenta y cruel. Pero, en ese ambiente, ninguno tiene su dignidad aplastada por una oficina opresora, al contrario, la pelea se diluye cuando los facebookeros se concentran en las cifras de seguidores que aparecen en los gigantescos monitores y acaban festejando la cantidad alcanzada.   

Otro reto ha aparecido por sorpresa durante este año. Una epidemia brutal ha puesto en combate a la oficina y al teletrabajo. El resultado…tablas. La mayoría de los trabajadores, un 70 %, prefieren el modelo combinado, es decir, uno o dos días de teletrabajo y tres o cuatro de trabajo en la sede de la compañía.

Ahora nos toca replantear de nuevo el diseño y la reforma de la oficina teniendo en cuenta que ha de competir con la vivienda. Veremos pronto alguna película protagonizada por relaciones entre trabajadores y oficinas rediseñadas para esta sorprendente época.

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